“Cinco miradas colombianas en Japón”
En estos tiempos de globalización los lazos entre las naciones deben trascender más allá de los acuerdos comerciales, para nutrirse, de una manera eficaz, a través de componentes culturales y de identidades propias, permitiendo un intercambio más profundo y lúdico entre los pueblos.
Considerando, que la cultura debe entenderse como una matriz simbólica que permite a los individuos comprender y actuar en el mundo, y que el comportamiento humano se encuentra guiado por ideas y creencias que son ejercicios de intercambio y transmisión social, apropiarse recíproca y mancomunadamente de valores y visiones de la realidad, es el principal objetivo del acercamiento que se efectúa esta vez, con la exposición CINCO MIRADAS COLOMBIANAS EN JAPÓN, en la Shaddai Gallery de la Universidad Politécnica de Tokio. Estas cinco reflexiones visuales hacen parte de la celebración del establecimiento de relaciones entre Colombia y Japón, cuyo inicio tuvo lugar, el 25 de mayo de 1908.
La muestra fotográfica cuenta con la participación de figuras prominentes de la fotografía colombiana: Adriana Duque, Carlos Duque, Fernando Cano, Luis Morales y Sergio Bartelsman. Cada artista presenta una perspectiva diferente sobre la manera de ver su entorno y de entender el ejercicio fotográfico en ese lenguaje que nos es común a todos: la imagen.
Así, mientras Adriana Duque materializa en sus fotografías instancias del mito, la realidad y la fantasía, en sus composiciones se puede intuir, el resultado de una perversa sumatoria que navega entre los contrastes sociales propios de la realidad nacional y escenarios que rayan en un neo surrealismo, que parecen pasajes de cuentos infantiles, ahora trastocados por la inserción de antagonismos. Al observar con detenimiento sus imágenes causan una extrañeza en el espectador, porque ellas se debaten entre una tradición visual cargada de referentes clásicos de occidente y las miles de capas que componen una mirada influenciada por el cine, la literatura y las prácticas contemporáneas de la cultura, consecuentes con nuestro ingreso a las “nuevas” tecnologías de la imagen.
Carlos Duque, por su parte, construye y moldea a través del humo, frágiles formas para conformar un lenguaje que nos atrapa en su levedad; esbozos de un suspense, de instantes que se extinguen en milésimas de segundo. Experiencia bucólica de la práctica fotográfica determinada por el tiempo y su duración, capturada para la eternidad a través de la emulsión y la superficie fotográfica. Intuición que se expande incluso, hacia una experiencia del dibujo y la pintura, ahora trastocada por la prótesis del ojo: la fotografía.
Fernando Cano nos pasea por una geografía de Colombia particular, donde la vaporocidad de una falda en el giro de un joropo, o unos ojos escondidos detrás de una máscara de carnaval, dan cuenta de múltiples instantes de regocijo de almas que al adentrarse en la fiesta borran sus angustias cotidianas. Debate interno entre la exhuberancia de nuestra idiosincrasia y su compleja realidad. Color, gestos y entramados, componen el recorrido que nosotros como espectadores en diferido, hacemos al dejarnos atrapar por este viaje en la memoria, por el espíritu de un pueblo y su inmensa riqueza cultural.
Luís Morales por su parte, nos encamina a través de sus extraños y bien planteados túneles condenados a llegar a ninguna parte. El espacio se nos presenta ahora como un problema de la percepción y la conciencia, instancia filosófica del ser, en un tiempo inmóvil, como si los objetos nos percibieran a nosotros y reclamaran un lugar en nuestra memoria. Indiferencia y frialdad, misterio y estado profiláctico de la imagen fotográfica, en donde los protagonistas son la sensibilidad perceptiva y los intrincados laberintos de la mente. Sus túneles son el resultado de una mirada reflexiva que transita espacios imposibles y edificaciones de la conciencia.
Sergio Bartelsman enseña retazos de esta parte del globo terrestre, reafirmando con estas imágenes la belleza de nuestra geografía. Su cámara fotográfica se articula y busca formar un conjunto derivado de la triada: máquina – hombre- naturaleza. Al unísono, presenciamos la sinfonía de una práctica visual cercana a un espíritu de oriente. Sus imágenes parecen inspiradas en grabados japoneses, contemplativos y con una intensión que se propaga incluso a entender el color como una transmisión sensible de la imagen. Su relación con la máquina y la naturaleza es simbiótica, incluso llegando a entenderse como un dibujante armado con su lápiz que vendría a ser en este caso la luz sobre la emulsión fotosensible.
Fantasía, espacio, tiempo, recorridos, memoria y complejas relaciones que se convierten en prácticas interdisciplinarias, se muestran aquí como intercambios culturales que resumen años de tradiciones visuales, discursivas y culturales entre dos maneras de habitar el mundo: oriente y occidente.
El FOTOMUSEO quiere realzar la manera cómo la Embajadora Patricia Cárdenas ha acometido su labor en la Embajada de Colombia en Tokio, para robustecer las relaciones de nuestro país con ese formidable país de oriente, y agradece la invitación que nos hiciera para presentar desde la imagen fotográfica a la sociedad nipona, una parte de la multiplicidad de Colombia; a la Doctora María Elvira Quintana Directora de la oficina de Asuntos Culturales del Ministerio de Relaciones Exteriores, por su compromiso y su gentileza y a Ana Isabel Mosquera de la misma Cancillería. A la Doctora María Claudia Parías quien durante su paso por esa misma oficina nos brindó todo su apoyo para que esta muestra fuera posible; A Norie Sakae encargada de Asuntos culturales y Comunicación de la Embajada de Colombia en Japón, por su compromiso y su paciencia y de manera particular a la Doctora Carmiña Ferro Iriarte Presidenta del Grupo Financiero Banco de Crédito en Colombia por su sensibilidad y su comprensión, frente al compromiso que debe asumir todo colombiano de ampliar la buena imagen del país en el exterior.
Gilma Suárez
Directora – FOTOMUSEO
Curadora |