Andrés Cabas
Cantante
Revista Diners -2002

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Gabriel García Marquez
Escritor
Revista Diners-1999

Atrapar la atención de quien mira; mostrar una radiografía profunda y única de un personaje y transmitir la vastedad de su mundo interior, es el reto del lente de quien se propone dedicarse al retrato. La diferencia de trascender o no en este arte, la hace el talento.

En la historia de este difícil género de la fotografía son miles los que han quedado en el olvido, pero grandes las figuras de quienes se han consolidado como pilares fundamentales de este género. Baste recordar a Nadar –Gaspard-Félix Tournachon, 1820-1910-, quien hizo desfilar por su estudio del Boulevard des Capucines en París, en la segunda mitad del siglo XIX, a las personalidades de la cultura del momento: Rossini, Baudelaire, Manet, Monet, Delacroix, Sarah Bernhardt. También Eugène Courret, fotógrafo francés radicado en Perú en 1860, descubierto y exhibido por el FOTOMUSEO en 2004 y quien muy seguramente de haber permanecido en París, hoy sería una figura tan relevante como su contemporáneo Nadar. Courret nos dejó un gran documento sobre la sociedad limeña de la época, con imágenes de una plasticidad y trascendencia únicas. El siglo XX dejó también grandes nombres en el arte del retrato: Henri Cartier-Bresson, Arnold Newman, Edward Weston, Tina Modottti, Robert Mapplethorpe, Richard Avedon, entre otros.

En Colombia, Carlos Duque –Palmira, Valle, Colombia, 1946-, se ha consolidado en la última década como el más dedicado cultor de este género hasta convertirse, sin duda, en el retratista nacional más sobresaliente de este comienzo de milenio.

Duque estudió fotografía en el Art Center College of Design en Los Ángeles, California entre 1969 y 1971, como complemento y elemento fundamental en su trabajo profesional de diseñador gráfico y publicista. Reconocido por su aporte fundamental a los procesos de construcción de imagen de grandes compañías y asesor de eminentes personalidades políticas, a su trabajo como publicista, sin embargo, se le ha venido imponiendo su pasión esencial por la fotografía, hasta reclamar hoy, orgulloso, su condición de fotógrafo.

Parte de este hecho afortunado para los amantes de la fotografía se la debemos a la vinculación que hiciera al periódico El Tiempo en la década del noventa, más tarde a la revista Diners, y en la actualidad a la revista Semana; allí, en espacios idóneos y destacados, estos centros de la comunicación indujeron a Carlos Duque, a redefinir fuertemente su condición de artista de la fotografía y a presentarnos para el deleite de nuestra mirada permanentemente sus trabajos.

Ajeno a las grandes escenografías y a la abundancia de elementos, Duque utiliza una sola fuente de luz y trabaja en blanco y negro, los colores más poéticos de la fotografía. Sus retratados parecen actuar más bien, bajo las órdenes de un director de teatro, que no pierde un solo detalle de sus actores. El humor o la ironía, signos intrínsecos a su inteligencia, son el detalle maestro de cada una de sus piezas.

Cada retrato suyo es un acontecimiento. No son imágenes fortuitas. Cuando toma la cámara frente al sujeto, Carlos Duque emprende un ejercicio de imaginación: analiza, crea y ordena mentalmente elementos observando al retratado, sin levantar la cámara. Luego, en un solo movimiento, logra abrir ese nicho en el que cada uno de sus personajes guarda sus ángeles o sus demonios. Su talento creador consigue avizorar ese lugar y, así logra despojar al fotografiado de su máscara.

Las 58 fotos de Duque que hoy exhibe el FOTOMUSEO presentan no solamente un documento importante por su estética y aporte al arte del retrato, sino que se consolidan como el más rico y esencial abanico de los personajes que son protagonistas de la historia contemporánea colombiana. Desde el Presidente de la República, Álvaro Uribe Vélez, pasando por los periodistas Enrique Santos y Alejandro Santos, hasta los más importantes nombres del arte y la literatura como William Ospina.

Hoy Duque está concentrado en un nuevo proyecto: Almario, una serie que será presentada en octubre en Ciudad de México, durante el Festival Cervantino. Estas recientes fotografías en las que Duque sobrepasa la noción ilusionista de la imagen, son materiales que han surgido alrededor de las extensas sesiones de registro de sus diversos retratados. Cada una de ellas se caracteriza por presentar al sujeto con los ojos cerrados y en una condición visual desenfocada que hace imposible su identificación.

Así día a día, foto a foto, Carlos Duque se ha ido convirtiendo en biógrafo visual de Colombia. Para el FOTOMUSEO es un orgullo presentar no solo al artista, sino, por primera vez, a un fundador y miembro de la Junta Directiva de esta entidad, un compañero de todos los vaivenes en que cada día nos envuelve el remolino de la gestión, pero con quien se comparte esta misión de integrar a los mejores nombres de la fotografía a la cotidianidad del entorno urbano de Bogotá, haciéndolo más rico, más cercano al transeúnte.

El FOTOMUSEO agradece al Instituto Distrital de Cultura y Turismo y a su directora Marta Senn, el apoyo que siempre recibe de esa institución. A MASTERCARD empresa que patrocina esta muestra por comprender la importancia de la actividad de nuestra entidad como divulgadora e impulsora del arte de la fotografía, y a EPSON, que fielmente nos acompaña desde hace ya dos años.